Las 5 verdades endológicas

Estas cinco verdades son mentira hasta tanto no las vivencies por ti mismo, por ti misma; hasta que para ti resulten totalmente lógicas y sean absolutamente coherentes con la realidad.

1. El universo surge de la nada
2. Los espíritus no son eternos
3. La vida no tiene ningún propósito (simplemente fluye)
4. Todo es bueno porque todo es aprendizaje
5. La desesperanza es el verdadero comienzo

1. El universo surge de la nada

Realmente no sólo el universo, sino todo surge de la nada. La materia que compone el universo es energía, un pensamiento es energía, la conciencia misma es energía. En síntesis, todo es energía en diversos niveles de condensación, en diversos niveles de sutilidad, yendo de lo denso a lo etéreo, tan etéreo y sútil que apenas si es perceptible.

Pero eso mismo, apenas perceptible, llega a un nivel de tanta sutilidad, que finalmente desaparece, se disuelve, y vuelve al gran origen, a la nada.

La luz sólo es comprensible bajo su antítesis, la oscuridad. El día sólo es comprensible bajo su antítesis, la noche. Y del mismo modo, el Todo sólo es comprensible bajo su antítesis, la Nada.

Pero ¿cómo pudo surgir el todo de la nada? Un pequeño movimiento de la nada en la nada, tan absolutamente imperceptible y a la vez tan catastrófico que generó la mayor vibración posible. Ese “vacío en movimiento” devino en energía. Y la energía puede adquirir conciencia, y la conciencia es expandible.

El Todo tiende a disolverse y la Nada tiende a manifestarse.

2. Los espíritus no son eternos

Todo es efímero, todo surge en algún momento y, del mismo modo, todo desaparece en algún momento. Esto significa que todo es transitorio, fugaz, no pemanente. Sólo que hay algunas cosas que tienen mayor durabilidad que otras. Los niveles de durabilidad se corresponden en mayor o menor grado con los niveles de sutilidad o condensación de la energía.

En el caso de los espíritus (conciencia) podemos saber que no son eternos porque, de ser así, ahora mismo nosotros seríamos perfectos o cuasi-perfectos, con una conciencia universal absoluta, por cuanto habrían tenido toda la eternidad en el pasado para obtenerla, para obtener la conciencia de sí. Sin embargo, eso no ocurre, por lo que se infiere surgieron en algún momento y, por consiguiente, en algún momento cesarán como conciencia y como manifestación cósmica.

3. La vida no tiene ningún propósito (simplemente fluye)

A simple vista tal posición puede ser percibida como una afirmación negativa. Sin embargo, no lo es. Realmente no es una afirmación ni negativa ni positiva. El cauce de un río no tiene ningún propósito en sí mismo, simplemente fluye. La vida en sí misma no tiene ningún propósito, simplemente fluye.

Para saber que la vida no tiene ningún propósito podemos recurrir a la antítesis. ¿Cuál es el objetivo de la muerte? Ninguno, la muerte simplemente sucede. Efectos secundarios es otra cosa. El cause de un río puede ser furioso, y entonces deja desastres a su paso.

La vida en sí misma no tiene ningún propósito, sin embargo, el ser humano, le pone propósitos: el hogar, la familia, el nombre, las metas, los propósitos, el estudio, etc., etc.

4. Todo es bueno porque todo es aprendizaje

Los adeptos de la logia blanca consideran que es bueno seguir por el camino de la logia blanca. Y lo mismo sucede con los adeptos de la logia negra, quienes consideran correcto seguir el camino de la logia negra. Sin embargo, la endología es ajena totalmente a ese tipo de fanatismo pues el ser humano tiene la libertad de seguir el camino que más le guste, con el que más sienta afinidad (el libre albedrió es sagrado, es algo inviolable).

Ambos, aportan aprendizaje y eso es lo importante. Además, ninguna decisión es definitiva, y los que hoy están dentro del camino bueno, mañana pueden pasar al camino malo (así sea por sólo curiosear), y viceversa.

No obstante, el camino de la endología es el camino del medio, el camino del equilibrio.

Los grandes dramas emocionales, aún en su dureza, son bellos porque son de donde más podemos extraer aprendizaje. Aprendemos a no caer, aprendemos a ver la realidad, aprendemos a conocer a las personas, y todo ello -en su dureza- constituyen el gran tesoro de nuestra vida. A fin de cuentas, lo que nos llevamos de la vida es eso, el aprendizaje que hayamos extraído de ella.

5. La desesperanza es el verdadero comienzo

Esta afirmación ambién puede ser percibida como algo negativo, pero tampoco lo es, y simplemente constituye un proceso natural que se obra en el ser humano de vez en vez. Por ejemplo: Alguien puede tener la esperanza de que su hijo no muera, de que su novio/a regrese, de que pase la asignatura, pero el hijo muere, el/la novio/a no regresa, y se pierde la asignatura. Esto es el fin de la esperanza. Y cuando esa esperanza se disuelve, salimos de esa especie de “letargo”, de “no realidad”, y sólo queda lo que es, la realidad en su más simple y absoluta belleza, en su desnudez más plena.

Esta deseperanza debe ser entendida como “no espera”. No esperar nada. La comprensión resultante de la desesperanza absoluta es la máxima vivencia, y no puede ser comprada ni forzada, simplemente sucede en algún momento. Al comienzo hay que buscarla (la máxima vivencia -la comprensión más serena y noble) y hasta dar la vida por encontrarla, pero cuando se está próximo a ella es preciso dejar de buscarla para hallarla (en un acto genuino de rendimiento y desesperanza absoluta), de lo contrario, no podría ser encontrada.

Una persona no podría expermientarla a menos que renuncie a sus apegos más profundos, a su esperanza última, a menos que haya hecho todo lo humano y sobrehumano por hallarla y, al no hallarla, entonces uno se rinde en forma absoluta hasta en los niveles subconscientes de la mente. Entonces tu trabajo está hecho y ella acude. Ya te has desplomado y “muerto” y ella entra en ti para salvarte. No puede ser de otra forma.

Cuando alguien llega a tal vivencia ya no puede agarrarse con las uñas a nada, a su último bastión, y simplemente se ve cayendo, cayendo infinitamente a un vació sin fondo e inenarrable. Y, como dicha vivencia sucede en forma tan absoluta, llega un punto que no sólo cae al vacío, sino que se convierte en ese vacío.

Sólo lo que está vació puede ser llenado. Y sólo lo que está vació contínuamente puede ser llenado continuamente.

Luego de dicha vivencia, en efecto, ese vacío ya no desaparece, pero de inmediato el universo acude a llenarte en forma continua, en forma ilimitada. Entonces comienzas a vivir a partir de ese vacío-plenitud.

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